Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2022

FREYA

Norwich, febrero de 1947 Graham Resh —un anónimo trabajador del matadero local— siempre fue un tipo más bien escasito de suerte. Una mala tarde, al volver del tajo, se encontró con que un ratero despistado se había colado en su casa con la ilícita e incomprensible intención de robar en un sitio donde no había nada de valor. Por desgracia, Resh siempre tuvo más músculo que sesera y, aprovechando que tenía su herramienta de trabajo a mano, decidió enfrentarse al caco en lugar de dejarlo marchar. Pésima decisión: si él tenía un cuchillo, el otro portaba una pistola. Conclusión: el matarife matado. Poco después, y alertados por los gritos y el disparo, los vecinos contiguos se personaron en la casa, con la inevitable escopeta (ya se sabe que los británicos de campo son muy de ir de caza). El asesino logró escapar lanzándose por una ventana y comenzó una frenética persecución. El desquiciado criminal corría calle arriba, calle abajo sin más rumbo que el de buscar una escapatoria y disparand...

EL CUERPO DE CRISTO…BANG, BANG

Liverpool, abril de 1948. El sacerdote presentó solemne la forma ante la dulce cincuentona, que reaccionó sacando un revólver de su bolso y descerrajando un disparó a quemarropa al indefenso jesuita. “Lo hice por la gravísima e inmoral deriva teológica que estaba tomando en su labor pastoral”. ¿Había escuchado usted alguna un móvil de asesinato más original? El pobre abogado defensor, desde luego que no. Pues eso exactamente declaró la criminal en comisaría. Añadiendo más dificultades judiciales a la defensa, la por lo demás muy respetable señorita Irene Prescott estaba totalmente cuerda y, para colmo, ¿se le ocurre mayor premeditación que llevarse una pistola a misa? Se la había sustraído a otra oveja del rebaño, el inspector de policía Roberts, aprovechando una visita de cortesía. La guinda del pastel de condena a muerte era que la víctima -el padre Henry Matthews- resultaba ser un muy querido curita de barrio. Sus feligreses, con la señorita Prescott a la cabeza, lo adoraban, y se h...

POR EL REY Y POR LA PATRIA

POR EL REY Y POR LA PATRIA Hamelin (Alemania), diciembre de 1945 No me metí en este desagradable negocio por gusto, lo hice por pura necesidad de venganza. Recién acabada la guerra, yo era un sargento de 26 años que hablaba un alemán bastante aceptable y tenía miles de cuentas pendientes y muy personales con esos cerdos nazis (incluyendo la desaparición de mis padres y mi pobre hermanita Lilly en un bombardeo sobre Londres). Entonces ocurrió lo que en ese momento consideré, tonto de mí, un inmenso golpe de suerte. El caso es que el Ejército de Su Majestad buscaba voluntarios para ir destinados a la prisión de Hamelín, en la Baja Sajonia, donde se iba a ahorcar a lo peorcito del Tercer Reich. El nuevo flautista me arrastró fácilmente con su dulce melodía de sed de sangre. Allí, una cosa llevó a la otra y terminé de ayudante del verdugo, expresamente llegado desde Inglaterra: un cincuentón  sorprendentemente entrañable que simultaneaba los ahorcamientos con la explotación junto a su ...

¡ENHORABUENA, HOY ES TU DÍA DE MUERTE!

¡ENHORABUENA, HOY ES TU DÍA DE MUERTE! Londres, junio de 1951 Aquel podría haber sido perfectamente el día de suerte de Edward Wallace Ripley —había ganado en un concurso—, pero el hecho de que le mataran de una paliza lo arruinó todo. Según el oportuno relato de la prensa, minutos antes del fatal ataque, a Ripley se le había hecho entrega de un premio por valor de cien libras logrado en un concurso radiofónico esa misma mañana. Se trataba de la siempre popular Dulce llamada de postres British Smile. Con ese dinero tenía planeado saldar una deuda que había contraído con un prestamista. Según relato del asesino —un aspirante a boxeador sonado de nombre Bob Ronald—, Ripley había telefoneado a su mafioso acreedor para concertar una cita de entrega con alguno de sus muchachos. Lamentablemente, se produjo un fatídico malentendido y Roland había entendido que la factura era de mil machacantes. Así, cuando la cantidad que se le entregó fue de tan solo cien, el esbirro cumplió con la orden qu...