FREYA
Norwich, febrero de 1947 Graham Resh —un anónimo trabajador del matadero local— siempre fue un tipo más bien escasito de suerte. Una mala tarde, al volver del tajo, se encontró con que un ratero despistado se había colado en su casa con la ilícita e incomprensible intención de robar en un sitio donde no había nada de valor. Por desgracia, Resh siempre tuvo más músculo que sesera y, aprovechando que tenía su herramienta de trabajo a mano, decidió enfrentarse al caco en lugar de dejarlo marchar. Pésima decisión: si él tenía un cuchillo, el otro portaba una pistola. Conclusión: el matarife matado. Poco después, y alertados por los gritos y el disparo, los vecinos contiguos se personaron en la casa, con la inevitable escopeta (ya se sabe que los británicos de campo son muy de ir de caza). El asesino logró escapar lanzándose por una ventana y comenzó una frenética persecución. El desquiciado criminal corría calle arriba, calle abajo sin más rumbo que el de buscar una escapatoria y disparand...