HUCK
Londres, enero de 1953 "Yo ya lo he visto todo, soy un hombre de mundo y no hay nada que me pueda sorprender”. Eso es lo que dicen los pobrecillos que han ido un par de veces a Londres y, quizás, de viaje de novios a París. Los que de verdad hemos visto de todo, sabemos que todavía nos queda mucho por ver. Y sabemos que nos quedan muchas sorpresas por llevarnos. Y aquella fue una de tantas. De las gordas, quizás (aunque las hubo mayores, pero no mucho). —Buenas tardes, sargento— me dijo un caballero del montón abordándome a la salida de mi domicilio. Me sobresalté —levemente—: sabía por desagradable experiencia que, cuando alguien se dirigía a mi por mi antiguo rango militar, algo fuera de lo rutinario se me avecinaba. —Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? Yo, como siempre, tan flemáticamente británico. —Como ya se figurará, me gustaría que me acompañara. Se trata de un asunto de la máxima trascendencia y confidencialidad. —¿Ya no tiene el Ministerio para sellos? ¡Se suelen comu...