Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2025

UNA CASITA DE CAMPO ABANDONADA EN STEVENAGE

  Londres, 4 de noviembre de 1950 Llamaron mientras estaba enfrascado en la más delicada etapa del disecado de un águila. No estoy acostumbrado a que me interrumpan mientras trabajo, seguramente porque recibo pocas visitas. Clamé por un poco de paciencia, pero los insistentes golpes en la puerta no parecían tenerla. Con un enfado que me crecía por las sienes, me dirigí a abrir. Dos militares de semblante serio esperaban al otro lado. Me llamaron por mi nombre y me indicaron que debía acompañarles de inmediato. Aquello me sorprendió en extremo, pues mis "encargos de parte de Su Majestad" solían llegar por correo y con tiempo más que de sobra. —¿De qué va esto? —Limítese a acompañarnos, sargento. —Hace tiempo que dejé el ejército, señores. —Pues considere que ha vuelto, al menos por un par de días. —Insisto, ¿de qué va todo esto? —Se le explicará cuando lleguemos a nuestro destino. De momento, síganos. Con gesto de fastidio y confusión cogí la chaqueta que tenía más a mano y sa...

UN ASESINO EN FUERA DE JUEGO

UN ASESINO EN FUERA DE JUEGO Londres, marzo de 1960 Aquel asunto empezó para mí como tantos. Un crimen en la prensa, y de los sencillitos. Aparentemente. John W. Pulley, juez de línea internacional, se había bajado a su pub de cabecera a tomarse unas pintas después de llegar a casa tras un partido. Estaba satisfecho, había tenido una buena actuación, y —como siempre que esto ocurría—, se tomó un par de Guinness de más y le dio por presumir del buen dinero que le acababan de pagar por su trabajo. En el camino de vuelta al hogar, y seguramente como consecuencia de ir achispado, le hizo frente al tipo que le siguió a la salida para despojarle de aquel bonito puñado de billetes. Un agente de policía —nuestros siempre eficientes bobbies — oyó la bronca y llegó oportuno para reducir —pleno de arrojo— al criminal, aunque tarde para salvar la vida de Pulley. El héroe de la jornada era Herbert P. Knights, antiguo militar que, casualidades de la vida, conocía personalmente al padre del juez de l...