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Mostrando entradas de octubre, 2022

UN ASUNTO ENTRE MUJERES

Durham, septiembre de 1952 Nunca es buena idea matar a un ser humano (salvo para salvar otras vidas o, quizás, si se hace con permiso de un juez), pero es especialmente poco aconsejable si liquidas a un lord inglés que resulta ser íntimo amigo del Ministro del Interior. Sin duda, el sujeto con título era un chulo malcriado y un tirano sin escrúpulos, pero seguía siendo amigo íntimo del Ministro del Interior y, después de todo, ¿quién es nadie para decidir que alguien merece morir (por muy juez que se sea)? Molly Muller también decidía quién podía vivir y quién no, aunque de otro modo. ¿Un desgraciado descuido con tu fogoso novio hace algunos sábados? Elige: podéis visitar la vicaría de la manita o te puedes pasar con alguna amiga de confianza a ver la vieja Molly. Precios populares, discreción absoluta y casi seguro que saldrás viva del trance. La desgraciada Mary Donalds fue de las poquísimas excepciones. Mala suerte, perra vida. Obviamente, nunca se mencionó a la vieja Molly. Oficial...

ALGY, EL AFORTUNADO

Manchester, junio de 1959 Algerno Cornwell, alias "Algy, el Afortunado", había sido un ludópata especializado en las carreras de caballos que había estrangulado a su anciana casera, la solterona señorita Duckworth, para robarle dinero. La pobre mujer superaba los setenta y, para colmo, Algy se gastó todo el fruto de su fechoría -que tampoco fue tanto- apostando esa misma tarde en el hipódromo. Con estos antecedentes, nadie puso demasiadas pegas a que fuera condenado a la horca. Colgar a un tío que ha asesinado a una ancianita indefensa es ese tipo de cosas que la gente se cree que debe de ser fácil, incluso algunos dicen que ellos mismos lo harían. Se nota que nunca lo han hecho. Y, no obstante, uno intenta ser profesional, mantener el prestigio -si es que en este oficio mío que el Destino me encajó se puede tener de eso-. Llegué a la cárcel como de costumbre y fui ejecutando todo el macabro ritual, la horrible rutina siempre igual pero siempre diferente: los saludos fríos a ...