EL OCASO DEL ALBA
EL OCASO DEL ALBA Madrid, 19 de noviembre de 1975 Jorge Rodríguez Real era un buen casi amigo cuyo nombre jamás fui capaz de pronunciar correctamente. Por eso me limitaba a llamarle Georgie y, de ese modo, dejar el honor del Imperio Británico razonablemente intacto. Jorge Rodríguez Real era —con mucha probabilidad— el único español que hablaba correctamente inglés (más o menos), razón por la cual el gobierno de su país me lo había asignado como acompañante-traductor-niñera durante una discreta visita oficial de la que ya le daré cumplida noticia en otro momento. Georgie y yo nos caímos bien, y, contra todo pronóstico, nos las arreglamos para mantener una simpática amistad epistolar a razón (aproximada) de una o dos cartas por trimestre. Años después de nuestro primer encuentro, él me había invitado personalmente a que le echara una mano en un delicado asunto profesional. Tan importante era la cosa que Georgie iba a costear de su propio bolsillo mis billetes de avión y demás gastos de l...